CHAMPAÑA: EL ORIGEN DE LAS BURBUJAS

0
3

 

 

¿Sabías qué el creador de la champaña fue un monje? En el siglo XVII el francés Dom Pierre Perignon estaba en invierno haciendo vino, pero por el tremendo frío que hacía su vino se congeló en plena fermentación. Ya que pasó el invierno se descongeló y comenzó una doble fermentación, eso hizo que tuviera muchas burbujas que consiguieron que las botellas explotaran, al no estar tapadas con el material correcto y en botellas resistentes.

Ese fue un primer intento de champaña que por supuesto el monje no siguió haciendo porque en esa época era considerado un vino defectuoso, sin embargo él quedó maravillado creyendo que cuando lo bebía probaba las estrellas.

Tiempo después Dom Pierre Perignon estableció reglas para mejorar su elaboración como: no usar más que uvas de pinot noir, podar los viñedos para que no alcancen más de 90 centímetros de altura, recoger solo uvas enteras y no permitir ningún tipo de maceración. Para hacer champaña solo se fermenta un caldo de uvas chardonnay, pinot meunier y pinot noir.

Y ASÍ SE CREÓ LA CHAMPAÑA…

Se realiza un proceso de doble fermentación y en la segunda se le añade azúcar, levadura y se tapan las botellas. Las levaduras que son un hongo consumen el azúcar produciendo mucho gas –dióxido de carbono- transformándola así en alcohol. Por eso al abrir la botella el líquido sale con demasiada presión debido al gas acumulado. De hecho en cada botella hay más de siete millones de burbujas y un millón en cada copa.

Ahora bien, para distinguir una buena champaña, fíjate en la marca o la casa que la produce, tendrás que investigar un poco sobre su historia y reconocimientos. Como dato, la champaña tiene Denominación de Origen, esto es que solo se puede hacer en la zona de Champagne en Francia. Checa los porcentajes de las uvas: pinot noir, chardonnay o meunier, éstas marcarán el perfil. Y por último revisa la cosecha.

Pero ahora, dejemos del lado la teoría para pasar a la práctica y disfrutar de una copa de champaña, que como bien decía Napoleón Bonaparte, «en la victoria se merece y en la derrota se necesita», de cualquier modo, bebamos champaña. Recuerda beberla fría, no helada, sino perderá sus aromas y por nada del mundo la enfríes en el congelador, mejor en un recipiente con mucho hielo durante unos 20 minutos. ¡Salud!

Fuente:  Food and Travel