Le petit empire

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Por: Alan Ríos Fajardo

¿Por qué te vas Agustín?
¿Qué tormenta has avistado que tanto te ha alarmado?
¿Es acaso peor que aquellas que con triunfo has ya sorteado?

Entre el pesar que el contexto nos ha resignado
y el erigir del rey elefante y su imperio infausto,
se acontece pues que tu voluntaria partida
sea colateral al cobarde recelo
que el mencionado en sus falacias afirma.

Pero ni el utópico reino mas cercado puede
en la más remota de las sospechas
cerrar el portillo de su poderoso enclave
sin sufrir de escabrosas consecuencias.

Quizá la ventura de su lado bogue y el oleaje soslaye.
Quizá el extremo apego a sus olvidadas dogmas escondido perdure.
Quizá las embrolladas perspectivas sean una total mentira.
Quizá nos topemos con una realidad distinta.
Quizá lo que acontezca no es ahora expectativa.

Quizá.

Mas lo radical de sus huestes no abandona lo palpable,
como tampoco lo innoble se ha dejado extinto.
La bandera que debió ser abrasada es ahora izada.
La bandera, abatida por el poderoso puño, es aún honrada.
El de faz encubierta yace en la elegida poltrona
y el oído del rey, con alternativa diestra, endulza.

Global mandato; sectarismo infundado.
Condicionado trueque que ampararlos propone.
Quizá la ventura de su lado bogue y el oleaje soslaye.
Quizá el extremo apego a sus olvidadas dogmas escondido perdure.

No hay mandato contemporáneo que tendencia permita.
Ni la legalidad moderna inclinaciones tolera.
Y el utópico reino mas cercado no puede
en la más remota de las sospechas
cerrar el portillo de su poderoso enclave
sin sufrir de escabrosas consecuencias.

 

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